Más allá de transmitir conocimientos, de saber las materias y de hacer clases, el que el profesor quiera a sus alumnos, además de una buena disposición, buen juicio y criterio a la hora de relacionarse con ellos parecen ser la clave para una buena relación entre ambos.
Pedro Valentini, sub-director del Colegio Tabancura, asegura que no solo hay que pensar en "qué hago para que este niño llegue a buen puerto. Hay que empezar por quererlos, porque cuando uno quiere pone lo mejor de sí en esa persona y la persona querida también da lo mejor de sí, lográndose resultados espectaculares. En otras palabras: quererlos es interesarse por los alumnos, exigiéndoles, porque la exigencia es cariño; lo contrario es indiferencia. Cuando uno de ellos está con problemas necesita que le echen una mano y ahí está el arte del profesor".

Contener y exigir
Lo importante en el profesor es que sepa ponerse "del brazo" del alumno. Como dice Valentini, "hacerle sentir que juntos lo van a lograr cuando está con algún problema, porque la persona que está con déficit tanto en alguna asignatura como en cualquier otro aspecto de su ser, está como paralítica y necesitando de ayuda. Primero un pie, después otro. Con cariño el profesor puede decir lo que quiera, como "estás hecho un flojo o haces rabiar a tus papás, pero son importantes, junto con las palabras, los gestos que las acompañan: las sonrisas, el golpearle el hombro, diciéndole gestualmente "tú puedes, no estás solo".
Ruby Tampe, directora del Colegio Nuestra Señora del Rosario Las Condes, agrega que la atmósfera al interior del colegio debe permitir que el niño desarrolle su trabajo escolar sintiéndose comprendido, acogido, estimado, apoyado y respetado como persona. "El niño dentro del aula debe sentir seguridad. Que no sea un niño que esté atemorizado o ansioso; si da una opinión, emite un juicio o da una idea no debe creer que se expone al ridículo". Y agrega, "los profesores debemos entender que el resfuerzo positivo es mucho más importante que el castigo, que los frenos y prohibiciones. Debemos ser capaces de reconocer en los niños los logros y el esfuerzo. Eso sí, los alumnos dentro de esta atmósfera de cordialidad deben tener muy internalizados los límites y normas de convivencia e interacción escolar, basados en el respeto, responsabilidad, trabajo colaborativo, entre otros".
María Elcira Torres, orientadora, consejera estudiantil, vocacional y familiar del Liceo Los Domínicos explica que "con una mano exigimos y con la otra acariciamos, pero siempre hay que rayar la cancha. Me parece que la mejor forma de relación profesor-alumno es cuando se sabe combinar el afecto con el exigir del niño lo mejor que él pueda dar. Es importante el rendimiento, sus capacidades, que desarrolle actitudes y aprenda valores".
Junto con este acoger y dar seguridad, es importante que el profesor sepa imponer la disciplina, se haga respetar, que sea imagen, modelo, ejemplo para sus alumnos. María Elcira Torres, agrega que "los alumnos piden que los profesores los quieran y les exijan con cariño".
Es tanto el tiempo que pasan los niños y jóvenes en el colegio, que tanto el establecimiento educacional, como los profesores son decidores. De el ambiente y la relación con ellos va a depender que el alumno quiera sus estudios, que adquiera buenos hábitos, que sea responsable, que se sienta querido e importante como persona.